Contemplando el Gran Sacrificio de Cristo

“Sabéis que dentro de dos días se celebra la pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado” S. Mateo 26:2

Ciertamente podemos decir que la muerte de Jesús es la fuente de nuestra confianza, pero para que sea plenamente eficaz, debemos participar en su pasión; sobre la cruz, Cristo Jesús nos representa a todos; pero sufrió por todos nosotros; no nos aplica los frutos de su inmolación si no nos asociamos a su sacrificio.

La forme de ser partícipe de esta pasión es precisamente contemplando a Cristo con fe y amor, en las etapas de la vía dolorosa. Cada año, durante la semana santa, la Iglesia revive con Jesús, día por día, hora por hora, todas las fases del sangriento misterio. Pone a sus hijos delante del espectáculo de esos sufrimientos que han salvado a la humanidad. En otros tiempos, las obras de servicio rutinario se detenían, había que cesar los procesos de labor cotidiana, suspender todo negocio, y concentrarnos en la recordación del sacrificio de Cristo.

El pensamiento de un Hombre Dios rescatando al mundo mediante sus dolores, ocupaba a todos los espíritus, emocionaba a todos los corazones. ¡En la actualidad, un sinnúmero de almas salvadas por la sangre de Cristo, pasan esos días en la indiferencia! El llamado es que seamos más fieles en contemplar, en unión con la Iglesia, los diversos episodios de ese santo misterio. Encontraremos siempre una fuente de gracias invalorable.

La pasión de Jesús tiene tal lugar en su vida, es de tal manera su obra, ha agregado tal precio que quiso que nosotros la recordáramos, no sólo una vez al año, durante las solemnidades de la semana santa, sino cada día; instituyó Él mismo un sacrificio para perpetuar, a través de los siglos, la memoria y los frutos de su sacrificio del calvario.

Al contemplar al autor de la vida y de nuestra fe ciertamente constituye una participación íntima y muy eficaz en la pasión de Jesús. No lo vemos con los ojos del cuerpo, pero la fe nos dice que está ahí, para los mismos fines por los cuales se ofreció sobre la cruz. Si tenemos una fe viva, nos hará postrarnos a los pies de Jesús; nos unirá a Él, a sus sentimientos de amor hacia su Padre y hacia los hombres, a sus sentimientos de odio contra el pecado; y nos hará decir con Él: “Padre, aquí estoy para hacer tu voluntad” Contemplemos sobretodo el sentido y valor de la cruz de Cristo para con nuestras vidas espirituales, nos unimos a Él mediante la comunión y el Santo Espíritu.

A nosotros también, Dios nos da una cruz a cargar, y cada cual piensa que la suya es la más pesada. Debemos aceptarla, sin razonar, sin decir: “Dios habría podido cambiar tal o cual circunstancia de mi existencia”. Nuestro Señor nos dice: “Si alguien quiere ser mi discípulo, que tome su cruz, y me siga”

Rev. Samuel Torres
Pastor General, ICMNV
E-mail: pastor@ipnuevavida.com

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