Cuando Cultivamos un Espíritu GENEROSO

Junio 2013 | La Generosidad Cristiana y Sus Resultados

“El alma generosa será prosperada; y el que saciare, el también será saciado.” Proverbios 11:25

EL SER humano no es generoso por naturaleza. La tendencia innata de cualquier bebé es satisfacer sus propias necesidades, sin pensar en los demás, ni siquiera en quienes lo cuidan. Sin embargo, el pequeño aprende con el tiempo que él no es el centro del mundo, que debe pensar en el prójimo y que no todo consiste en recibir, sino también en dar y compartir. Así pues, la generosidad debe cultivarse.

No todas las dádivas, por espléndidas que sean, proceden de un corazón generoso, pues hay quienes hacen donativos por interés o para obtener el reconocimiento público. Sin embargo, no ocurre así en el caso de los cristianos verdaderos. ¿Cuáles son, entonces, las características de la generosidad que fomenta la Palabra de Dios?

Los cristianos, según la Biblia, solían mostrar su generosidad al “compartir cosas con otros” que estaban verdaderamente necesitados (Hebreos 13:16; Romanos 15:26). No lo hacían por obligación. El apóstol Pablo escribió: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza (de mala gana) ni por necesidad (ni como obligado), porque Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7). Tampoco pretendían impresionar a los demás, algo que sí intentaron Ananías y Safira con resultados lamentables (Hechos 5:1-10).

Amados, Jehová es el mejor ejemplo de generosidad. Es tan bueno y considerado que “hace salir su sol sobre inicuos y buenos y hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:45). A todos les da “vida y aliento y todas las cosas” (Hechos 17:25). De hecho, como señaló el discípulo Santiago, “toda dádiva buena y todo don perfecto es de arriba, porque desciende del Padre de las luces celestes” (Santiago 1:17).

La mayor dádiva de Jehová ha sido enviarnos a su “Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). Nadie puede afirmar que merece tal regalo, “porque todos han pecado y no alcanzan a la gloria de Dios” (Romanos 3:23, 24; 1 Juan 4:9, 10). El rescate de Cristo es la base y el medio que Dios utiliza para entregarnos su “indescriptible dádiva gratuita”, a saber, su “sobrepujante bondad inmerecida” (2 Corintios 9:14, 15).

Al igual que sucedió durante la construcción del templo y en el caso de las congregaciones cristianas primitivas, los fondos para estas provisiones proceden exclusivamente de donaciones voluntarias. No obstante, conviene recordar que nadie puede enriquecer a Jehová, el Dueño de todo lo que existe (1 Crónicas 29:14; Ageo 2:8). Las contribuciones, pues, constituyen una muestra de nuestro amor a Jehová y del deseo de fomentar la adoración verdadera. Dichas muestras de generosidad son, como dice Pablo, “una expresión de gracias a Dios” (2 Corintios 9:8-13). Jehová nos anima a contribuir porque así evidenciamos un buen espíritu y un buen corazón para con él. Quienes son generosos y confían en Dios serán bendecidos y prosperarán espiritualmente (Deuteronomio 11:13-15; Proverbios 3:9, 10; 11:25). Jesús aseguró que además seríamos felices cuando dijo: “Hay más felicidad en dar que en recibir” (Hechos 20:35).

Rev. Samuel Torres
Pastor General, ICMNV
E-mail: pastor@ipnuevavida.com

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